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EL EXODO DEL PUEBLO ORIENTAL
Desde el Daymán

Habían transcurrido nueve meses desde la partida de Artigas de Buenos Aires cuando el General, desde el Daymán, dirige a la Junta del Paraguay el célebre documento que hace de él, el primer historiador de la gesta heroica.

Nada mejor que ese documento para repasar los acontecimientos de 1811, para comprender a través de la narración de los sucesos, por su principal testigo, el profundo significado de esta etapa de la vida de nuestra Patria, para valorar a lo largo de estas páginas cual es el sentir de la Orientalidad.

Portador del mismo fue el edecán del General Artigas, Capitán don Juan Francisco Arias. Buscaba el General el acercamiento con el Paraguay para defenderse del común enemigo, Portugal, sin dejar de lado los aspectos comerciales y políticos del área.

La Junta del Paraguay enviará, más tarde, al capitán Francisco Bartolomé Laguardia, quien llegará al campamento de Artigas el 25 de febrero de 1812. Laguardia nos dejará una hermosa descripción del estado de los orientales en su "Noticia del Ejército Oriental y de su tripulación."


"Yo fui testigo así de la bárbara opresión bajo la que gemía toda la Banda Oriental, como de la constancia y virtudes de sus hijos; conocí los efectos que podía producir y tuve la satisfacción de ofrecer, al gobierno de Buenos Aires, que llevaría el estandarte de la libertad hasta los muros de Montevideo, siempre que se concediese a estos ciudadanos auxilio de municiones y dinero."

"Un puñado de patriotas orientales cansado ya de humillaciones, había decretado su libertad en la villa de Mercedes. La primera voz de los vecinos orientales que llegó a Buenos Aires fue acompañada de la victoria del 28 de febrero de 1811; día memorable que había señalado la providencia para sellar los primeros pasos de la libertad en este territorio y día que no podrá recordarse sin emoción cualquiera que sea nuestra suerte."

"Los ciudadanos de la villa de Mercedes como parte de estas provincias, se declararon libres bajo los auspicios de la junta de Buenos Aires, a quien pidieron los mismos auxilios que yo había solicitado."

"Se me mandó inmediatamente a esta Banda con algunos soldados, debiendo remitirse después hasta el número de tres mil con lo más necesario para un ejército de esta clase; en cuya inteligencia proclamé a mis paisanos convidándoles a las armas: ellos prevenían mis deseos y corrían de todas partes a honrarse con el bello título de soldados de la patria, organizándose militarmente en los mismos puntos en que se hallaban cercados de enemigos, en términos que en muy poco tiempo se vio un ejército nuevo cuya sola divisa era la libertad."

"Permítame usted que llame un momento su consideración sobre esta admirable alarma que simpatizó la campaña toda y que hará su mayor y eterna gloria. No eran los paisanos sueltos, ni aquellos que debían su existencia a su jornal o sueldo los que solos se movían; vecinos establecidos, poseedores de buena suerte y de todas las comodidades que ofrece este suelo, eran los que se convertían repentinamente en soldados, los que abandonaban sus intereses, sus casas, sus familias, los que iban, acaso por primera vez, a presentar su vida a los riesgos de una guerra, los que dejaban acompañadas de un triste llanto a sus mujeres e hijos, en fin, los que sordos a la voz de la naturaleza, oían sólo la de la Patria."

"Los restos del ejército de Buenos Aires que retornaba de esa provincia feliz (Paraguay), fueron destinados a esta Banda y llegaban a ella cuando los paisanos habían libertado ya su mayor parte, haciendo teatro de sus triunfos El Colla, Maldonado, Santa Teresa, San José y otros puntos: yo tuve entonces el honor de dirigir una división de ellos con sólo doscientos cincuenta soldados veteranos y llevando con ella el terror y espanto de los ministros de la tiranía hasta las inmediaciones de Montevideo, se pudo lograr la memorable victoria del 18 de mayo en los campos de Las Piedras."

"Entonces dije al gobierno que la Patria podía contar con tantos soldados, cuantos eran los americanos que habitaban la campaña y la experiencia ha demostrado bien sobrado que no me engañaba."

"La Junta de Buenos Aires reforzó al ejército del que fue nombrado Segundo Jefe y que constaba en el todo de mil quinientos veteranos y más de cinco mil vecinos orientales y no habiéndose aprovechado los primeros momentos después de la acción del 18 en que el terror había sobrecogido los ánimos de nuestros enemigos, era preciso pensar en un sitio formal. Así nos vimos empeñados en un sitio de cerca de cinco meses, en que mil y mil incidentes privaron de que se coronase nuestros triunfos a que las tropas estaban siempre preparada."

"Yo no sé si cuatro mil portugueses podían prometerse alguna ventaja sobre nuestro ejército, cuando los ciudadanos que le componían habían redoblado su entusiasmo y el patriotismo elevando los ánimos hasta un grado incalculable. Pero no habiéndosele opuesto en tiempo una resistencia, esperándose siempre por momentos un refuerzo de mil cuatrocientos hombres y municiones que había ofrecido la Junta de Buenos Aires desde las primeras noticias de la irrupción de los limítrofes y varias negociaciones emprendidas últimamente con los jefes de Montevideo, nuestras operaciones se vieron como paralizadas a despecho de nuestras tropas y las portuguesas casi sin oposición pisaron con pie sacrílego nuestro territorio hasta Maldonado."

"En esta época desgraciada, el sabio gobierno ejecutivo de Buenos Aires creyendo de necesidad retirar su ejército con el doble objeto de salvarle de los peligros que ofrecía nuestra situación y de atender a las necesidades de otras provincias y persuadiéndose a que una negociación con el señor Elío sería el mejor medio de conciliar la prontitud y seguridad de la retirada con los menores perjuicios posibles a este vecindario heroico, entabló el negocio, que empezó al momento a girarse por medio del señor José Julián Pérez venido de aquella superioridad con la bastante autorización para el efecto: estos beneméritos ciudadanos tuvieron la fortuna de trascender la sustancia del todo y una representación absolutamente precisa en nuestro sistema, dirigida al señor General en Jefe Auxiliador, manifestó en términos legales y justos ser la voluntad general no se procediese a la conclusión de los tratados sin anuencia de los orientales, cuya suerte era la que se iba a decidir: a consecuencia de esto, fue congregada la asamblea de los ciudadanos por el mismo Jefe Auxiliador y sostenida por ellos mismos y el excelentísimo señor representante, siendo el resultado de ella asegurar estos dignos hijos de la libertad, que sus puñales eran la única alternativa que ofrecían al no vencer; que se levantase el sitio de Montevideo sólo con el objeto de tomar una posición militar ventajosa para poder esperar a los portugueses y que en cuanto a lo demás respondiese yo del feliz resultado de sus afanes siendo evidente haber quedado garantido en mí desde el gran momento que fijó su compromiso."

"Yo entonces reconociendo la fuerza de su expresión y conciliando mi opinión política sobre el particular con mis deberes, respeté las decisiones de la superioridad sin olvidar el carácter de ciudadano y sin desconocer el imperio de la subordinación recordé cuanto debía a mis compaisanos: testigo de sus sacrificios, me era imposible mirar su suerte con indiferencia y no me detuve en asegurar del modo más positivo cuanto repugnaba se les abandonase en un todo: esto mismo había hecho ya conocer al señor representante y me negué absolutamente desde el principio a entender en unos tratados que consideré siempre inconciliables con nuestras fatigas muy bastantes a conservar el germen de las continuas disensiones entre nosotros y la corte del Brasil y muy capaces por sí solos de causar la dificultad en el arreglo de nuestro sistema continental."

"Seguidamente representaron los ciudadanos que de ninguna manera podían serles admisibles los artículos de la negociación: que el ejército auxiliador retornase a la capital si así se lo ordenaba aquella superioridad y declarándome su general en Jefe protestaron no dejar la guerra en esta Banda hasta extinguir de ella a sus opresores, o morir dando en su sangre el mayor triunfo a la libertad. En vista de esto, el excelentísimo señor representante determinó una sesión que debía sostenerse entre dicho señor, un ciudadano particular y yo: en ella se nos aseguró haberse dado ya cuenta de todo a Buenos Aires y que esperásemos la resolución: pero que entretanto, estuviésemos convencidos de la entera adhesión de aquel gobierno a sostener con sus auxilios nuestros deseos y ofreciéndosenos a su nombre toda clase de socorros cesó por aquel instante toda solicitud."

"Marchamos los sitiadores en retirada hasta San José y allí se vieron precisados los bravos orientales a recibir el gran golpe que hizo la prueba de su constancia: el gobierno de Buenos Aires ratificó los tratados en todas sus partes; yo tengo el honor de incluir a usted un ejemplar de ellos; por él se priva de un asilo a las almas libres en toda la Banda Oriental y por él se entregan pueblos enteros a la Dominación de aquel mismo señor Elío bajo cuyo yugo gimieron."

"¡Dura necesidad! En consecuencia del contrato, todo fue preparado y comenzaron las operaciones relativas a él."

"Yo no seré capaz de dar a usted una idea del cuadro que presenta al mundo la Banda Oriental. Desde ese momento la sangre que cubría las armas de Sus Bravos hijos, recordó las grandes proezas que continuadas por muy poco más habrían puesto el fin a sus trabajos y sellado el principio de la felicidad más pura: llenos todos de esta memoria oyen sólo la voz de su libertad y unidos en masa marchan cargados de sus tiernas familias a esperar mejor proporción para volver a sus antiguas operaciones: yo no he perdonado medio alguno de contener el digno transporte de un entusiasmo tal; pero la inmediación de las tropas portuguesas diseminadas por toda la campaña, que lejos de i retirarse con arreglo al tratado, se acercan y fortifican más y más y la poca seguridad que fían sobre la palabra del señor Elío a este respecto, les anima de nuevo y determinados a no permitir jamás que su suelo sea entregado impunemente a un extranjero."

"Cada día veo con admiración sus rasgos singulares de heroicidad y constancia: unos quemando sus casas y los muebles que no podían conducir, otros caminando leguas a pie por falta de auxilios, o por haber consumido sus cabalgaduras en el servicio: mujeres ancianas, viejos decrépitos, párvulos inocentes acompañan esta marcha manifestando todos la mayor energía y resignación en medio de todas las privaciones. Yo llegaré muy en breve a mi destino con este pueblo de héroes y al frente de seis mil de ellos que obrando como soldados de la patria sabrán conservar sus glorias en cualquier parte dando continuos triunfos a su libertad."

"Yo ya he patentizado a usted la historia memorable de su revolución, por sus incidentes creo muy fácil conocer cuales puedan ser los resultados."

"Todo anuncia que estos extranjeros tan miserables como ambiciosos, no perderán esta ocasión de ocupar nuestro país."

Artigas a la Junta del Paraguay.
Daymán, 7 de diciembre de 1811.

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