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INTRODUCCION A SU VIDA Y OBRA
Desde 1810 hasta 1812

De este modo, la Revolución del 25 de Mayo de 1810 en Buenos Aires halló a Artigas reintegrado a sus funciones de policía en la campaña, pero no ajeno a las ideas nuevas que fermentaban.

Sirviendo hasta ese entonces a las órdenes del Brigadier José Muesas en la Colonia del Sacramento, el Capitán Artigas abandonó las filas españolas en febrero de 1811, cruzando el Río Uruguay rumbo a Buenos Aires, en compañía de Rafael Ortiguera, Teniente de su misma Compañía, para ofrecer su espada a la patria.

Su concurso, que Mariano Moreno ya había señalado como valioso, se aceptó por la Junta Revolucionaria el día 15 de febrero cuando acudió a presentarse, y Artigas tuvo el encargo de preparar, desde la fronteriza provincia de Entre Ríos, el levantamiento de la Banda Oriental, utilizando al efecto sus relaciones y su prestigio en la tierra nativa y los hilos que virtualmente estaban tendidos.

Los primeros pronunciamientos tuvieron por teatro el pueblo de Belén, en el Alto Uruguay, y la costa del arroyo Asencio, Soriano, y a su preparación no era ajeno Artigas.

La hora esperada parecía haber sonado y con los auxilios que proporcionó la Junta, la cual lo había promovido a Teniente Coronel efectivo por decreto de 9 de marzo de 1811, arribó a su provincia al mes justamente de tener el mando -9 de abril de 1811- a fin de tomar intervención personal en la guerra, trayendo a sus inmediatas órdenes ciento cincuenta plazas del Batallón de Patricios.

Aceptado generalmente como verdad que el desembarco se haya producido por el actual departamento de Colonia, en la Calera de las Huérfanas, hay pareceres muy respetables que consideran que la ruta de Artigas debió ser, saliendo de Entre Ríos, camino que lo llevó al campamento de la capilla de Mercedes de Soriano, lugar donde asentaban las fuerzas patriotas, cuya jefatura le habían confiado las autoridades de Mayo al General Manuel Belgrano, a su regreso, vencido, del Paraguay.

Llamado éste a Buenos Aires a responder del fracaso de dicha expedición, el General José Rondeau fue el jefe que vendría a sustituirlo.

Artigas asumió la jefatura de la vanguardia patriota iniciando marchas hacía el Sur. Su presencia determinó una rápida agudización del sentimiento insurreccional, puesto de manifiesto por las innumerables incorporaciones de gente en armas por la patria, según se aprecia en toda la extensión de la provincia que, llamada entonces Banda Oriental, pronto se halló bajo el control de los patriotas.

Solamente los pueblos de cierta importancia, con Montevideo como baluarte principal, quedaron bajo la obediencia de las autoridades españolas. Las primeras hostilidades no tardaron en producirse, registrándose triunfos para la patria en El Colla, Porongos, Paso del Rey sobre el río San José -21 de abril- y en el ataque y toma de la Villa de San José el 25, mientras oficiales suyos vencían a los españoles en Maldonado y en San Carlos.

Artigas iniciaba entonces, a la vez una carrera de político y de soldado que sólo debía durar nueve años, que no son nada, si bien se mira, en una vida que totalizó ochenta y seis, pero que fueron bastantes para que, por su obra y su gravitación futura, pueda considerársele como una de las personalidades más vigorosas y completas de la historia continental.

Trasladado su Cuartel General a San José, Artigas reunió sus fuerzan con las de su pariente Manuel Antonio Artigas, y avanzando con unos mil hombres sobre los realistas que operaban en Canelones, obtuvo sobre ellos, al mando del Capitán de Marina José Posadas, el 18 de mayo de 1811, la victoria de Las Piedras, batalla campal en que el jefe español rindió su espada al soldado montevideano y donde éste -al decir del Deán Funes- "manifestó un gran valor y un reposo en la misma acción, con que supo encender y mitigar a un mismo tiempo, las pasiones fuertes y vehementes de su tropa".

Las dianas de la Provincia Oriental resonaron, así, como los primeros acentos triunfales de la Revolución de Mayo. Otras, que las estrofas del himno nacional argentino recuerdan: San Lorenzo, en las altas barrancas del Paraná, y Suipacha, en los lejanos confines del Virreinato, harían eco a las dianas de San José y de Las Piedras.

Continuando su marcha rumbo al Sur, el 21 del propio mes de mayo el ahora Coronel Artigas apareció con sus huestes en el Cerríto, altura de donde se divisa de cerca Montevideo, e intimó rendición al gobernador Francisco Xavier Elío, que mandaba la más poderosa plaza fuerte de España en las costas del Atlántico.

El español, como es natural, rechazó de plano al emisario artiguista y fue preciso pensar en la formalización del Primer Sitio de Montevideo.

El nuevo jefe enviado por la Junta Revolucionaria, General José Rondeau, llegó recién el 1° de junio al campo del Cerrito, tomando enseguida la dirección de las fuerzas patriotas.

La invasión de un ejército portugués a las órdenes del General Diego de Souza, que en julio del año 11 penetró hasta Melo y Maldonado, y cuyo auxilio había conseguido el jefe español encerrado en Montevideo para favorecer comunes intereses dinásticos de los Borbones de la Península, uniéndose a los reveses militares experimentados por la causa independiente, cuyos soldados al mando de Balcarce habían sido deshechos en Huaquí (en el Alto Perú) llevaron a que la Junta de Buenos Aires iniciara negociaciones con Javier de Elío.

De los tratos, resultó el armisticio del 20 de octubre de 1811, por el que se estipulaba el levantamiento del sitio de Montevideo, mantenido desde hacía casi un semestre por las armas patriotas, debiendo retirarse de la Banda Oriental los ejércitos de Buenos Aires y los del portugués, reconociéndose así en ella la autoridad española. A consecuencia de ese convenio la Provincia Oriental venía a hallarse subyugada y sin defensa, segregada de hecho de las que se denominaban unidas.

La Junta designó a Artigas Gobernador de Yapeyú, pareciendo que no le quedaba a nuestro destemido Capitán otra solución que convertirse en un jefe subalterno más dentro de las filas del ejército independiente. Pero Artigas, aceptando el cargo que se le confiaba, resolvió con la firmeza serena de los que llevan misión, sustraer a las gentes coterráneas que bien podía llamar suyas, al yugo de los españoles, y convertido en jefe de todo un pueblo, superando lo tremendo del momento, emprendió marcha a su jurisdicción.

Rumbo al Norte, costeando casi el Río Uruguay, llevó tras de sí los tres mil hombres escasos del ejército a sus inmediatas órdenes, pero le seguía una caravana de quince mil personas, de toda edad y de toda clase social, que configuró el histórico cuanto extraordinario episodio denominado El Exodo del Pueblo Oriental.

Tres meses duró la nunca vista marcha, de octubre a diciembre de 1811 y al llegar al Salto del Uruguay, y puesto por medio el obstáculo del gran río como defensa natural de los portugueses. Artigas acampó con su gente en el Ayuí, en la margen derecha, en tierras de la jurisdicción misionera sobre las cuales era gobernador.

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