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ARTIGAS EN SU JUVENTUD
En compañía de don Félix de Azara

El espíritu de esparcimiento de que se hallaban poseídos los países de la época, sin límites a veces perfectamente demarcados, ni aún por la propia naturaleza, daba pie para que se invadiese subrepticiamente los ajenos dominios. Portugal, que anhelaba ensanchar su territorio, aprovechaba cualquier oportunidad o pretexto para impulsar su avance avasallador, lesionando así los derechos adquiridos por España desde el descubrimiento del nuevo mundo, y, sobre todo, desde que sentó sus reales en él.

La desolación de las grandes extensiones de tierras conquistadas, alimentaba la voracidad insaciable del temible vecino, y para detener en lo factible esa invasión, si bien pacífica, no por eso menos peligrosa y perjudicial que la ejercida por medio de la violencia, concibió la idea, en 1800, el ilustre marino y naturalista hispano don Félix de Azara, de dar colocación en la frontera a las familias patagonas que carecían de destino fijo y que venían costando a la Corona más de cincuenta mil pesos anuales por concepto de manutención. La pérdida de las Misiones era inminente si no se apelaba a un arbitrio tan previsor y sabio como ese.

El Marqués de Avilés, a quien fue sometido el pensamiento, se apercibió, sin gran esfuerzo mental, de la trascendencia y oportunidad de tal iniciativa y la aceptó complacido. Era preciso, no obstante, cometer esa tarea a un hombre hábil y decidido, y como nadie mejor que Azara podría llevarla a cabo, lo encargó de la fundación de los pueblos fronterizos proyectados, valiéndose para ello de los elementos que él mismo había indicado. A ese fin se le discernió el título de Comandante General de la Campaña, con amplias facultades, y al solo objeto de realizar el propósito enunciado, sin "los obstáculos que suelen detener y aun frustrar empresas de esta clase."

El virrey, que era el más interesado en que dicho comisionado no fracasase en su delicada misión, puso a sus órdenes a dos oficiales de reconocido mérito y en los cuales podía descansar con toda seguridad. Ellos eran Artigas y el teniente Rafael Gazcón, "en quienes respectivamente", decía el Marqués de Avilés, "concurren las cualidades que al efecto se requieren."

Ya en enero de ese mismo año, a raíz de perseguir tenazmente a los indios y a los contrabandistas apresando gente y decomisando mercaderías, había operado en los pueblos de Santo Domingo de Soriano y Víboras, persiguiendo a los desertores, a los vagos y a los ladrones que por allí pululaban, realizando nuevos arrestos o interceptando nuevos contrabandos, en cumplimiento de orden superior.

El ilustre colonizador le hizo objeto de una honrosa distinción, como se verá mas adelante, a pesar de que también iban en la expedición el teniente Félix Gómez, Comandante de la Guardia de BatovÍ; don Joaquín de la Paz, de la de Arredondo; don Isidro Quesada y don Agustín Belgrano, oficiales de Blandengues.

Azara fundó en la costa del Yaguarí, sobre la Guardia de Batoví, el pueblo de San Gabriel, poniéndole este nombre por haber firmado el decreto el Virrey el 18 de mayo, día en que la iglesia conmemora al Arcángel. Antes de emprender la división de tierras, pensaba Azara levantar el mapa de la zona, pero considerando los perjuicios que esa demora ocasionaría, por la cantidad de pobladores que se presentaban, mudó de opinión, confiando a Artigas la tarea de proceder al reparto, asesorado por el piloto de la Real Armada don Francisco Mas y Coruela.

Artigas fracciona por chacras y estancias los campos comprendidos entre la frontera y el Monte Grande, desalojando a los portugueses que lo detentaban ilegalmente; demarca y amojona los lotes, señala sus respectivos límites, dando posesión a cada poblador de la porción que se le adjudicaba, entregando después al naturalista los antecedentes de la operación y los requisitos necesarios para que éste pudiera expedir a los interesados los títulos de resguardo y hacer las anotaciones del caso en el libro de empadronamiento.

Hallábase empeñado en tan honrosa y delicada tarea, cuando el Marqués de Avilés le ordenó a Sobremonte -4 de octubre de 1800- que dispusiese de las fuerzas necesarias, a fin de reducir a los indios infieles: charrúas y minuanes y de proceder "al exterminio de todos los bandidos de la campaña", a cuyo efecto se pensó en el apresto de 300 Blandengues.

Con tal motivo, le decía al Virrey el mencionado Subinspector, con fecha 8 de octubre de 1800: "Me parecía muy bien del caso para dirigir a estas fuerzas el Ayudante Mayor de Blandengues don José Artigas, por su mucha práctica de los terrenos y conocimiento de la campaña; pero como esta a las órdenes del Capitán de Navío don Félix de Azara, sólo lo hago presente a V.E., como todo lo demás, para que se sirva resolver lo que sea de su superior agrado."

Este nuevo antecedente demuestra que las autoridades superiores de Montevideo apreciaban cada vez más los grandes méritos del futuro y benemérito caudillo nacional.

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