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ARTIGAS EN SU JUVENTUD
Alteza de alma y previsión clarividente

Artigas continuaba llenando la misión civilizadora compartida con el ilustre naturalista de la referencia, cuando en 1801, a pesar del tratado de 1777, se alteró la paz entre España y Portugal, contando la primera de esas naciones con el apoyo de Francia, y la última, con el de la Gran Bretaña, pues Carlos IV, sin medir las consecuencias de su conducta, se dejó alucinar por los prestigios de que gozaba Bonaparte, emperador de los franceses.

Dispuso entonces Azara el inmediato regreso de Artigas a Montevideo, temeroso de que pudiera ser víctima de los enemigos de su patria; pero éste, creyéndose con poder bastante para repelerlos en caso de un ataque, difirió el cumplimiento de esa orden hasta que, convencido de la traición que hacía a la causa hispana el Comandante de aquella plaza, resolvió dirigirse a Cerro Largo, a fin de librarse de cualquier celada y de juntarse con las tropas que guarnecían ese punto.

La permanencia de Artigas en Batoví hubiera sido tal vez su perdición, porque horas después de alejarse de allí, los portugueses se apoderaron de dicha localidad, confirmándose así sus sospechas de que el Teniente Félix Gómez, que la guarnecía, estuviese en inteligencia con los lusitanos.

Presintiendo esto mismo, le había reprochado Artigas sus frecuentes entrevistas con un soldado riograndense, y ante la respuesta que una vez le diera Gómez para cohonestar tan insólita ocurrencia, de que no podía reducir a prisión, como se lo indicaba, a ese sujeto, porque le debía y quería cobrarle, le increpó duramente tal proceder en estos patrióticos términos: "Cuando se trata de salvar los intereses públicos, se sacrifican los particulares."

Tan digna actitud y tan elevado pensamiento, no eran, ciertamente, la obra de un espíritu inculto, ni de un corazón que no palpitase a impulsos del honor y el patriotismo, sino la de un militar pudoroso, la de un hombre de bien, la de un celoso custodia de la soberanía cuya salvaguardia le había sido confiada, la exteriorización de principios morales con hondo arraigo en el cerebro.

Gómez completó su traición poniendo en libertad poco antes a los prisioneros portugueses hechos por Torgués y que se hallaban bajo su custodia, según lo consigna Lobo en su obra "Historia de las antiguas colonias hispanoamericanas" y se lo comunicó Artigas a Sobremonte.

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