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ARTIGAS EN SU JUVENTUD
Incursiones de los portugueses

Con la ausencia de Artigas habían quedado los intereses rurales a merced de los cuatreros y demás gentes de mal vivir. Los portugueses, por su parte, no ha mucho medrosos, recobraron los perdidos bríos ante la actitud pusilánime de Sobremonte, y a pesar de no estar ya en guerra con España, no habían aplacado su sed de codicia.

Persuadidos de que su audacia no sería fácilmente reprimida, alimentaron el propósito de adueñarse mañosamente del territorio comprendido desde Misiones al río Negro, con el transcurso de los años, disputado también por los defensores de la Independencia Nacional, obtenida en 1828 y para lograr su objeto se valieron de la artimaña de impulsar a un buen número de sus parciales a posesionarse de esos campos. Más aún, para aumentar la inquietud del vecindario, se procedió sin miramiento alguno a levantar cuantas haciendas pudieron llevar consigo las partidas destinadas a ese fin.

Esa actitud de los limítrofes fue señalada al virrey con fecha 3 de agosto, por los apoderados del gremio de ganaderos del Río de la Plata, sin que sus súplicas mereciesen ser atendidas, porque obtuvieron como contestación que los peticionarios partían de informes abultados, por cuya causa recurrieron al Trono, aunque también en vano, puesto que se les dio la callada por respuesta.

En la exposición mencionada, dirigida a del Pino, trazaban el siguiente cuadro sombrío:

"Sus frecuentes incursiones, la asiduidad, el despecho con que se han manejado contra nuestra campaña y haciendas, después de la publicación de la paz, no dejan arbitrio para dudar que ha llegado el tiempo de alcanzar ellos, con sus obras, a satisfacer sus conocidos deseos. En efecto, han extendido su mano los portugueses en más de dieciséis mil leguas superficiales de tierras, comprendidas entre el Ibicuí Grande y el Cerro de las Palomas, ayudados, por una parte, de la perfidia e infracción a los diplomas de la paz, y por otra, del abandono que por nuestra parte se ha hecho de las fronteras y territorios interiores".

"Habitan nuestras posesiones; ocupan nuestros campos; corren, matan y se benefician de nuestros ganados y nuestras haciendas, sin temor, sin cuidado y sin oposición."

"Los requerimientos, los partes, los clamores de estos hacendados son continuos, y sería infalible la ruina de todos los que pueblan y ocupan los feraces y dilatados campos que corren desde las fronteras hasta el río Negro, si la benéfica mano de V.E. no contiene los procedimientos arbitrarios, pérfidos v dolosos de los portugueses limítrofes, sucediendo, por forzosa consecuencia, que el florecimiento, pingüe y fuerte comercio de los frutos del país, toque su última decadencia".

Firmaban ese petitorio los señores Antonio Pereira, Miguel Zamora, Manuel Pérez, Lorenzo de Ulivarri y Juan Francisco Martínez.

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