La Biblioteca Artiguista







INICIO > ARTIGAS > JUVENTUD




   




ARTIGAS EN SU JUVENTUD
El Amor y la Patria

Ni siquiera la aceptación de su baja absoluta fue óbice para que Artigas pudiese reposar tranquilo durante largo tiempo en la vida privada, ni él era hombre forjado en el temple de los indiferentes cuando el bien público o la defensa del terruño requerían el concurso de sus buenos hijos o servidores.

Amaba indudablemente la carrera de las armas, como lo evidenció más adelante, hasta constituirse en el alma de su pueblo, y el retiro por él solicitado tuvo que responder, en consecuencia, a causas muy distintas de las que había aducido: a sentimientos íntimos, al vehemente anhelo de formar un hogar propio cuyo calor encendiese en su espíritu el fuego sagrado de los más nobles estímulos, pues el 31 de diciembre de ese mismo año contrajo nupcias con su prima Rafaela Rosalía Villagrán.

Nos sugiere estas reflexiones el hecho muy significativo de que ocho meses después de su retiro, o sea, en noviembre siguiente, un mes antes de su enlace, no tuviera reparo en asumir el mando de un escuadrón de 200 hombres creado en Montevideo por el capitalista español don Juan José Seco, con miras patrióticas.

Se anunciaba el arribo de un convoy de británicos a aguas lusitanas, cuya noticia alarmó sobremanera a los habitantes de la actual capital uruguaya por abrigar sospechas de que aquella expedición obedecía a fines de conquista.

Mandaba esas fuerzas navales Sir David Baird, figurando entre sus acompañantes Sir Home Popham y Sir William Beresford, de gran figuración poco después, en los anales del Río de la Plata, con motivo del bloqueo de sus puertos y de la toma de Buenos Aires. Dicha expedición tuvo entonces como exclusivo objeto, según se supo posteriormente, la conquista de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza.

En previsión de cualquier ataque, y para coadyuvar a la defensa oficial de Montevideo fue que el mencionado patriota, que era un acaudalado saladerista, se dispuso a organizar esa fuerza, que puso de inmediato a disposición del gobernador Ruiz Huidobro resolviendo este su envío al campo volante. Sobremonte reforzó también la plaza con una Compañía de Dragones traída de Buenos Aires.

Artigas seguía siendo, pues, una de las más fuertes columnas del orden público y el más celoso sustentáculo de los fueros lugareños contra cualquier intentona de extraño dominio, como lo revela la preferencia con que era mirada su persona y requeridos sus servicios en todas las circunstancias apremiantes.

Por lo demás, algún tiempo después de realizadas sus bodas, retornó al servicio activo permanente al lado de sus viejos camaradas del Regimiento de Blandengues, para bien de la tierra nativa y de la emancipación política del Uruguay, cuya simiente fecunda sembró en el alma de sus conciudadanos durante su larga y desgraciada campaña contra todos los detentores de la soberanía nacional.

Parecía, pues, que su nuevo estado de vida hubiera reconfortado sus fuerzas físicas y morales, refundiendo en un solo pensamiento el Amor y la Patria, sublime dualidad de los que no ahogan en su pecho las nobles palpitaciones del corazón.

Anterior Siguiente



Frases del Ideario Artiguista






© 2001 CMGA. Consúltenos para reproducir información de este sitio.