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EL CUERPO DE BLANDENGUES
Artigas

Artigas fue, como lo he dicho antes, el ejecutor primero del propósito fundacional del Regimiento de Blandengues; pero no podía ingresar como Oficial del mismo, porque no había pertenecido antes con ese carácter a otra unidad militar. Como lo indica su denominación, el Regimiento de Blandengues era un cuerpo veterano, lo que en el espíritu de la época significaba que sus oficiales debían poseer el grado de tales antes de ser incorporados al nuevo cuerpo. Y como se ha visto, todos los que he mencionado procedían de otras unidades militares. De ahí que Artigas, para alcanzar su grado de Ayudante Mayor de Blandengues, haya debido aceptar primeramente el prestar servicio como Oficial en las milicias de caballería de Montevideo.

He dicho que el Blandengue era soldado, gendarme y aduanero; pero debo añadir que sobrepasó esos cometidos y reunió a ellos otro que realza aún más el papel que desempeñó en la formación social del país. En aquel período en que el desierto era el peor obstáculo para la realización de la obra civilizadora, aquellos soldados fueron los mejores y más eficaces cooperadores en la fundación de pueblos.

Melo, cuya erección teórica databa de 1795, recién constituyó el número de ciento cincuenta colonos, diseminados en su zona estanciera, cuando Ias Compañías de Blandengues empezaron a sucederse en la frontera, alejando a Ios indios y amparando el trabajo del vecindario. En 1800 y 1801, cuando el Virrey Aviles dispuso que don Félix de Azara fundase pueblos en el noroeste del país, fueron los hombres de Artigas y de Jorge Pacheco los que se encargaron de batir a los indómitos charrúas, permitiendo que surgiesen las villas de Batoví y Belén después de una dura campaña. Allí establecieron los pobladores bajo el auspicio y la protección de los Blandengues.

Don Setembrino E. Pereda, en su erudita obra sobre "El Belén uruguayo histórico", y el doctor Lorenzo Barbagelata en su estudio sobre "Artigas antes de 1810", publicado hace más de treinta años en la "Revista Histórica de la Universidad", han documentado antes que yo la cooperación de aquellos soldados al establecimiento de los colonos, el fraccionamiento de las tierras, el castigo de la delincuencia y la creación de comunicaciones.

No es en una breve disertación que puede revelarse la influencia ejercida por ellos en el surgimiento de las primeras manifestaciones de la civilización hispano-oriental. Esta se llevó a cabo, y fue capaz de difundirse, gracias al empleo de la fuerza, inteligente y honestamente aplicada; y esa fuerza tuvo su exponente más eficaz en la acción desarrollada por los soldados de Ramírez de Arellano. Está todavía por escribirse uno de los capítulos más importantes de nuestra historia colonial: el que se refiere a la colaboración fecunda del Blandengue en el proceso inicial de la cultura uruguaya.

Conocemos, en cambio, su actuación militar. Sabemos como se condujeron durante las invasiones inglesas, en las horas de los combates recios y los sacrificios sangrientos. En Maldonado, en el Buceo y bajo las murallas de Montevideo, el Cuerpo de Blandengues fue la unidad básica de la resistencia contra el invasor, superior en número, en elementos y en disposiciones técnicas.

Otra etapa de heroísmo empezó con las guerras de la independencia, pero esta vez acompañada del sentimiento de amargura que debía originar la división de las opiniones políticas en el seno de la entidad militar, cuya homogeneidad fue quebrantada antes que sus filas se rompiesen en choques homéricos. Los compañeros de ayer cruzaron sus armas en defensa de ideales opuestos. La mitad de los oficiales acompañó a Artigas en la epopeya de la emancipación; la otra mitad permaneció vinculada a la causa tradicional.

Señores, estamos demasiado lejos de aquellos sucesos para que la pasión empañe nuestro juicio; y si el corazón nos inclina decididamente hacia los hombres que lucharon por constituir una patria libre, nuestro respeto debe alcanzar también a los que hicieron gala de entereza desde el campo contrario. Soy de los que creen que el valor es digno de admirarse sea cual fuere la causa que lo engendra.

El 23 de junio de 1814, al entrar en Montevideo las tropas de Alvear, hallaron entre los defensores a un grupo de hombres con uniformes en andrajos, que hacían saltar sus armas en pedazos contra las piedras grises de la ciudadela. Eran los últimos Blandengues.

Al lado del comandante Ramírez de Arellano, estaban los Capitanes Bartolomé Riesgo, Juan Agustín Pagóla y Carlos Maciel - el jefe y tres oficiales fundadores del cuerpo. Junto a ellos se apiñaban cincuenta y siete hombres. Eran los sobrevivientes de la bizarra unidad que había contado ochocientos soldados en sus filas. Al llegar frente a aquel puñado de valientes los oficiales de Alvear alzaron sus espadas. Fue el homenaje de los vencedores a los gloriosos vencidos. Y en este instante en que evocamos su recuerdo, puedo formular esta afirmación verídica: en nuestra historia, Blandengue ha sido siempre sinónimo de héroe.

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