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PURIFICACION
Descripción general de la Villa

De julio/agosto de 1815 es la célebre descripción de los hermanos Juan y Guillermo Parish Robertson (Cartas del Paraguay). Téngase presente en su lectura que son los inicios de la Villa y que el Ejército Oriental, en pleno invierno, se está restableciendo de la triunfal campaña de 1815.

Allí (les ruego que no pongan en duda mi palabra) ¿qué les parece que vi? ¡El Excelentísimo Señor Protector de la mitad del nuevo mundo estaba sentado en una cabeza de buey, junto a un fogón encendido en el suelo fangoso de su rancho, comiendo carne del asador y bebiendo ginebra en un cuerno de vaca! Lo rodeaba una docena de oficiales vestidos con ropas gastadas, en posición parecida y ocupados en la misma tarea que su jefe. Todos fumaban y charlaban ruidosamente.

El Protector estaba dictando a dos secretarios que ocupaban en torno de una mesa de pino las dos únicas sillas que había en toda la choza y esas mismas con el asiento de esterilla roto.

Para completar la singular incongruencia de la escena, el piso del departamento de la choza (que era grande y hermosa) en que estaban reunidos el general, su estado mayor y sus secretarios, se encontraba sembrado de ostentosos sobres de todas las provincias (distantes algunas de ellas 1.500 millas de ese centro de operaciones) dirigidas a "Su Excelencia el Protector".

De todos los campamentos llegaban al galope soldados, ayudantes, baqueanos. Todos ellos se dirigían a Su Excelencia el Protector, y su Excelencia el Protector, sentado en su cabeza de buey, fumaba, comía, bebía, dictaba, conversaba y despachaba sucesivamente todos los asuntos que le llevaban a su conocimiento, con una calma distinta de la despreocupación que se mostraba de una manera práctica la verdad del axioma "vamos despacio que estoy de prisa". Pienso que si los negocios del mundo entero hubieran pesado sobre sus hombros, habría procedido de igual manera. Parecía un hombre abstraído del bullicio, y era en este solo punto de vista, si me es permitida la alusión, semejante al más grande de los generales de nuestro tiempo.

Al leer mi carta de introducción, Su Excelencia se levantó de su asiento y me recibió no sólo con cordialidad sino también, lo que me sorprendió más, con modales comparativamente de un caballero y de un hombre realmente bien educado. Habló conmigo alegremente acerca de sus apartamentos oficiales, y como mis corvas y mis piernas no estaban acostumbradas a ponerse en cuclillas, me pidió que me sentara en el canto de un catre de cuero que estaba en un rincón del cuarto y que hizo acercar al fuego. Sin mayores preámbulos, puso en mis manos su propio cuchillo con un pedazo de carne de vaca bien asada. Me pidió que comiera me hizo beber y por último me dio un cigarro. Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada de un gaucho, y antes que hubieran transcurrido cinco minutos, ya el general Artigas estaba nuevamente dictando a sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios, al mismo tiempo que me presentaba excusas por lo que había ocurrido en la Bajada y condenaba a sus autores y me decía que inmediatamente de recibir las justas quejas del Capitán Percy, había dado órdenes para que me pusieran en libertad.

Era aquel un ambiente en que simultáneamente se conversaba, se escribía, se comía, se bebía, en razón de que no había cuartos distintos para realizar separadamente cada tarea.

El trabajo del Protector se prolongaba desde la mañana hasta la noche, lo mismo que su comida, porque así que un correo llegaba era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego donde estaba el asador con la carne, otro tomaba su sitio.

Al oscurecer su Excelencia me previno que iba a inspeccionar su campamento y me invitó a acompañarle. En un instante, él y su estado mayor aparecieron montados. Los caballos en que venían, quedaban día y noche ensillados y enfrenados cerca del rancho del Protector. Del mismo modo, los caballos de la tropa permanecían alrededor de cada campamento. Con cinco minutos de aviso, todas las fuerzas podían ponerse en movimiento, avanzando sobre el enemigo o retirándose con una velocidad de doce millas por hora. Una marcha forzada de 25 leguas (75 millas) en una noche, no era nada para Artigas, y a ello se atribuyen muchos de los éxitos prodigiosos y casi increíbles que obtuvo y las victorias que ganó.

Heme ahora cabalgando a su derecha por el campamento... Todos se llamaban por su nombre de pila, sin el Capitán o Don, excepto que todos, al dirigirse a Artigas, lo hacían con la evidentemente cariñosa y a la vez familiar de, mi general.

Había alrededor de 1.500 partidarios con ropas desgastadas en el campamento. Actuaban al mismo tiempo como soldados de caballería y de infantería. Eran principalmente indios procedentes de los destruidos establecimientos de los jesuitas, jinetes admirables y endurecidos para toda especie de privación y fatiga. Las escarpadas cuchillas y las fértiles llanuras de la Banda Oriental y de Entre Ríos suministraban numerosas tropas para su abasto y abundantes pastos para sus caballos. Nada más necesitaban. Un miserable saco, un poncho recogido en la cintura como los "kilt" de los escoceses y otro poncho que caía de los hombros, completaban juntamente con una gorra de cuartel, un par de botas de potro, grandes espuelas, un sable, un trabuco y un cuchillo el vestuario del artigueño. El campamento se componía de hileras de tiendas de cuero y chozas de barro. Estas últimas y una docena de casas de una comodidad mejor, constituían lo que se llamaba Villa de la Purificación.*

En julio de 1817, llegan al puerto de las Conchas desertores de Purificación. Interrogados por las autoridades centralistas sobre qué puntos tenía fortificados el general Artigas, nos precisan la ubicación de Purificación:

"Que el Pueblo de Hervidero está defendido por tres reductos que se hallan guarnecidos con las cinco piezas de campaña que ha citado y cuyos fosos tienen la estatura de un hombre de profundidad y sobre vara y medio de ancho siendo los intervalos de reducto de tres o cuatro cuadras. Que en la margen derecha y frente a la misma Purificación hay una batería de dos piezas de fierro de calibre dieciocho y cuyos fuegos son dirigidos sobre el Pueblo, pero las dos ruedan sobre la arena, pues no tienen explanadas".

En otro punto declaran que en una casa de azotea se guardan municiones, "que los más de los habitantes tienen carretas".**


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* Nueva Villa instalada junto al campamento del Ejército Oriental en el Hervidero. Allí los enemigos del Sistema, de la Patria, eran reunidos en momentos en que se esperaba la expedición española al Río de la Plata, que venía a recuperar estas regiones para su causa. El doctor Rebella encuentra sus antecedentes en los tribunales de Purificación instalados en España, Chile y en la Banda Oriental.

** Sumario indagatorio levantado en Buenos Aires el 12 de julio de 1817 a individuos provenientes de Purificación.





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